Mi reflexión sobre el Día de las Madres.

 


Dicen que el Día de las Madres es todos los días, y es verdad. Pero también hay días en los que la nostalgia toca más fuerte el corazón, especialmente cuando tenemos a nuestra madre lejos de nosotros.

El tiempo transcurre, estemos conscientes o no de ello. Eso pensaba mientras disfrutaba de un día de playa con mis tres hijos. En especial, pensaba en Adán, el más pequeño. Él no es mucho de playa, pero ayer se metió al agua y me dijo:

“Mamá, en la playa hay muchas algas, pero me meto porque es el Día de las Madres”.

Más atrás venían Abraham y Anyely. Y en ese momento, sentí como si el tiempo se paralizara. Los veía a los tres, cada uno con su personalidad, con su manera única de ser, con su forma particular de amar, de expresarse y de caminar por la vida.

Todos, como hijos, adoptamos costumbres, conductas y creencias de nuestros padres. Tarde o temprano aparecen en nosotros esas marcas: algunas nos fortalecen, otras nos debilitan, pero todas forman parte de nuestra historia.

Yo, como madre, no puedo decir si he hecho un buen trabajo. El tiempo se encargará de responder eso. Lo que sí puedo decir es que tengo tres superhéroes en mi vida.

Anyely es mi súper diversión. Con ella siempre hay algo nuevo: un invento, una integración, una amiga, una idea, una chispa de movimiento.

Abraham es mi súper reflexión silenciosa. Él me enseña a comprender los procesos, a seguir adelante, a volver a empezar hasta que las cosas se den.

Adán es mi súper amor. Siempre tiene un abrazo justo cuando más se necesita.

Mis tres superhéroes llegaron a mi vida para ayudarme a esforzarme más, para enseñarme que siempre se puede ser mejor cada día, y para recordarme que la familia no es perfecta, pero sigue siendo familia.

Yo, como madre, sigo a prueba. Y creo que esa prueba dura toda la vida. Cada día se aprende, cada día se corrige, cada día se intenta amar mejor.

Sigo creyendo que el Día de las Madres es todos los días. Y doy gracias a Dios porque todavía me permite escuchar, aunque sea a la distancia, las palabras de aliento y los consejos de mi mamá.

Ninguno de nosotros sabe cuál será su último día en esta tierra. Pero sí sabemos que cada mañana en la que Dios nos permite abrir los ojos, siempre habrá algo que agradecer.

No permitas que cada noche tus ojos se cierren sin pensar, al menos, en tres cosas por las cuales dar gracias.

Porque la vida pasa.
Los hijos crecen.
Las madres envejecen.
Y el amor, cuando se cuida, permanece.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Con Pasión y Propósito: Lecciones de los Niños de Fundacorazón.

La vida se construye en decisiones: un paso, un hábito, un día.

🎯 Salir del victimismo: el acto más valiente de amor propio.